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miércoles, 7 de enero de 2009

CAJAS DE FRUTA: EL MODELISMO NAVAL DE LOS POBRES (PARTE II).

3.- Obtención y preparación del material.

Como ocurre con la mayoría de los trabajos, cuando nos planteamos construir un barco, debemos contar con la aportación de sus materiales, y esto nos pide una serie de piezas con unas determinadas características, independientemente del origen que estos posean, ya que cada trabajo cuenta con una serie de fases de planteamiento, diseño y montaje, y en el modelismo naval son especialmente importantes, puesto que un modelo puede llegar a tener muchas piezas, si pensamos en el modelismo de arsenal, cuyo conocimiento habrá que haber previsto antes de comenzar su fabricación.

Entre estas características están la escala, largos, anchos, gruesos y formas determinadas por las distintas piezas a preparar, y antes de hacerlo hemos de tener claro que éstas se puedan copiar y sacar de los materiales elegidos. Los materiales que vamos a estudiar tienen ya unas medidas estandarizadas, de manera que no vamos a tener muchas oportunidades de decidir cuáles son los centímetros de más o de menos que queremos cortar, pues éstas ya vienen cortadas, sin embargo, esto no nos prohíbe obtener todas las piezas que deseemos con las medidas que deseemos, al contrario, nos ofrece la oportunidad de preparar un material relativamente sofisticado con técnicas adaptadas a estos materiales.

El origen de nuestras cajas de frutas es, tanto peninsular como americano, aunque en nuestros supermercados podemos encontrar referencias de algunos puntos concretos dependiendo del producto, de la línea comercial y de la empresa que las utiliza. Por lo general, las cajas son fabricadas y montadas en el mismo lugar en donde se obtiene y se vende el producto, por empresas mayoristas del sector primario, que utilizan grandes naves industriales para el efecto, a veces al lado del punto de extracción y otras en distintos lugares.

Obtenidas a partir de tablones aserrados previamente, sus piezas son cortadas con sierras de cinta de diente agudo, especialmente indicado para materiales blandos, consiguiendo tableados finos que se van uniendo luego con grapadoras industriales, en ocasiones también con máquinas de cosido que utilizan grandes bobinas de alambre, de modo que se fabrican en serie una enorme cantidad de cajas que son destinadas al lugar de embalaje del producto, donde se estampa la mayor parte de las veces, en sus maderas, el sello o logotipo de la empresa que podemos observar en los comercios del ramo, para dar salida a sus objetos de venta.

No supone para las empresas una inversión grande de dinero en embalajes puesto que los chopos crecen rápidamente, existiendo en poco tiempo grandes bosques, además de que el corte de éstos se lleva a cabo en un momento certero en que, el material es lo suficiente maduro para que sirva a su destino, y no haya envejecido demasiado, de manera que si no se talaran, ya no servirían para otra cosa, comercialmente hablando, que para este fin, por ello, el destino para embalajes se podría calificar de obligado y el precio de estas maderas suele ser más bien bajo. Esto hace que las cajas de frutas sean totalmente desechables una vez utilizadas, ya que se pueden fabricar nuevas cada vez que se envasa, sin problema de tener que invertir una gran suma en algo tan necesario.

Provienen fundamentalmente de zonas como Murcia, Valencia o Canarias, entre otros puntos de origen, y en América podemos hallar orígenes como Argentina mayormente, Perú o Brasil, aunque es fácil observar que, muchas veces, los productos vienen exportados hasta nuestro país, y luego, las grandes distribuidoras los envasan, una vez en España, en las cajas de frutas preparadas ya en nuestro suelo, donde hacen constar el origen de ultramar en las maderas mediante los sellos de estampado.

De hecho, las cajas de fruta, en sus distintas versiones, traen materiales de chopo que poseen una variada gama de anchos, largos y grosores, con los cuales se puede trabajar de una manera muy cómoda y amplia, teniendo en cuenta el destino que le vamos a dar a estos materiales, ya que el tema de las escalas, a veces, nos exige reducir mucho el ancho o el grueso de una pieza, y nuestras plantillas “prefabricadas” ya nos van a dar la solución. En una caja de fruta, se pueden obtener un buen número de éstas plantillas, todas diferentes, y dependiendo de la clase de caja que recuperemos para reciclar, se pueden aplicar mejor a la tablazón de los cascos, a las cubiertas --unas para navíos y otras para botes y esquifes-- o para realizar piezas muy variadas como son motonería, baos, puntales, durmientes, estructuras de coronamientos..., incluso vamos a mostrar una técnica utilizada para construir cuadernas con sus piezas, siguiendo un método sencillo que seguramente muchos modelistas ya conocen de sobra, a pesar de que las piezas más habituales que se obtienen de éstos materiales son tablas y tablones de diferentes escuadrías, y, en el caso de las cuadernas especialmente, se aconseja utilizar otros materiales distintos, más por las formas que por la calidad.

En la parte anterior de éste trabajo, se comentó que había al menos cuatro clases diferentes de maderas entre las cajas de fruta, y es que el aspecto que presentan, es en multitud de ocasiones algo diferente; ello es debido a varias razones, entre las que cabría comentar la clase de chopo de donde se cortan las piezas, el desarrollo o edad del chopo, las variaciones tanto del terreno como de la meteorología a las que ha estado sometido el árbol en cuestión, la curación que se ha llevado a cabo para la obtención de la madera, el tipo de corte que se ha dado a las piezas, y la manera de almacenar éstas piezas a la que hay que sumar las condiciones a las que ha estado expuesta durante su almacenamiento, y que pueden cambiar algo su fisonomía y sus cualidades a la hora de utilizarla.

Para obtener el material de las cajas de fruta, antes debemos desmontarlas, pues como todos hemos observado en multitud de ocasiones, sus piezas vienen unidas mediante grapas industriales de hierro de 1 mm. de sección, fuertes y resistentes, que solo ceden al alicate cortador de alambre o al alicate universal, además de una tenaza de sacar clavos para las grapas, pudiendo aflojarse de su emplazamiento con un pequeño destornillador o formón de punta afilada...¡cuidado con las manos en la operación!


Una vez desmontadas y separado el material que deseamos aprovechar, se puede almacenar por similitud de piezas o naturalezas, y distribuir en nuestro taller para su almacenamiento, en espera de ser cortadas y preparadas para su destino, pero no debemos olvidar que estas piezas necesitan apoyarse en una superficie totalmente plana y recta, que además soporte peso y posea resistencia, como podría ser una estantería metálica de las utilizadas para máquinas de bricolage, pues su naturaleza tiende fácilmente a doblarse y curvarse, de manera que se perdería su calidad como material de uso –aunque esto es relativo si pensamos en el doblado de tracas--, y solamente se podrían recuperar con humedad, calor y muchísima paciencia y tiempo, utilizando dos piezas de apriete planas, entre las que habría que aplastarlas enérgicamente para volverlas a su estado normal, pero perdería algunas de sus características primarias, y se podría rajar con demasiada facilidad.

La madera de chopo, como casi todas las maderas, debe mantenerse en lugar seco, fresco y bien ventilado; al ser una madera muy absorbente, la misma humedad del aire la puede afectar, debe estar alejada de la luz directa y fuerte del sol, y por supuesto, de la humedad concentrada, que abriría sus fibras y la resquebrajaría con el tiempo. Los cambios bruscos de temperatura también pueden modificar su calidad y sus características, mostrándose débil y deshaciéndose cuando ha pasado demasiado tiempo sometida a variaciones de humedad y calor contínuas, alterando su composición orgánica, que le produce una evaporación demasiado rápida.

Dentro de cada caja de fruta podemos obtener plantillas de diferentes medidas que se identifican con otras piezas similares, de otra caja de fruta diferente, con diferentes anchos y gruesos, de modo que siempre vamos a tener opciones diversas dentro de éstos materiales. La variación tampoco es muy exagerada, en previsión de un penoso trabajo de adecuación, y entre las que se pueden adaptar a los forros de los cascos, por ejemplo, encontramos una gama que va desde 3 mm. hasta otras que presentan 5 mm. de grosor, llegando en piezas muy poco habituales a encontrar 6 mm. de grueso y que son las más fuertes, con una naturaleza de madera muy buena, siempre con una gama variada de anchos y de aspectos de la madera en relación con su color y su resistencia, y que se ha señalado en la fotografía adjunta con las letras A y B, y que, como se puede ver claramente, vienen montadas como laterales y frentes en las cajas. Su corte se realiza fácilmente con seguetas de marquetería, pequeñas sierras de bricolage o modelismo, o con medios mecánicos provistos de discos de sierra de pequeño y medio diámetro, sin que se necesiten sierras especiales al tungsteno ni nada parecido, pues la resistencia de ésta madera no lo exige.


Entre las que son más susceptibles de ser adaptadas a las cubiertas, por ser algo menos gruesas y algo más amarillas (como el color del roble, el cedro, o el color clareado de la teca, por ejemplo), hay una variación que va entre los 2 mm. y los 3 mm. dependiendo igualmente de la clase de caja de donde se obtengan, aunque éstas se pueden obtener también de las piezas anteriores pensadas para los forros, debidamente rebajadas si fuera necesario, su corte es igual al caso anterior.

El doblado de las dos clases de piezas anteriores debe realizarse mediante humedad y algo de calor, pero no ofrece una resistencia muy grande ni siquiera con gruesos de hasta 4 mm., pues una vez que se van saturando con algo de agua caliente, las fibras ceden de manera extraordinaria, y si se emplean plantillas de doblado, el trabajo se realiza en segundos, pudiendo llegar a alcanzar 90º y 180º de doblado sin apenas esfuerzo, aunque con un poquito de paciencia. Una vez secas las piezas conservan el doblado con su naturaleza intacta, y muy pocas veces se aprecian cambios en su estructura o sus características, que puedan afectar a la calidad de la pieza, porque estamos realizando el trabajo sobre piezas pequeñas.

Para las pocas piezas de 5 a 6 mm. que se suelen encontrar se necesitaría ya el calor de un soldador o similar, pues su resistencia y sus fibras de duramen, le dan a ésta última versión de madera de chopo una fuerza que no vencerá solamente un poco de agua caldeada, necesitándose generar vapor para torcer la pieza, y una mayor paciencia, pues en el caso difícil de éstos doblados se necesitaría ya mucho tiempo, aunque éstas piezas se pueden comparar mejor con quillas , sobrequillas o baos que con forros.

Asimismo, encontramos unas curiosas piezas, en el fondo de las cajas, que tienen un aspecto muy delicado, y por desgracia son las menos sanas de todas, presentando a veces numerosos nudos, pero éstas piezas tienen la ventaja de servir de forros de casco a botes y esquifes, entre otras, para escalas muy pequeñas, pues poseen un grosor que va entre 0.8 mm. y 1 mm. máximo, algunas suelen ser de color oscuro, semejando el duramen de algunos grandes robles del norte, o el color marrón claro de algunas maderas tropicales, son las piezas que en la fotografía adjunta se han marcado con la letra C, y que como se ha mencionado anteriormente, vienen montadas en los fondos de éstas cajas.

Entre ésta variedad anterior de piezas, hay otras mucho más blancas y delicadas, que ofrecen un grueso que va desde 1 mm. hasta 1,2 mm. aprox., y se podrían aplicar a las mismas funciones, siendo también útiles como cubiertas de los mismos botes o esquifes auxiliares de los barcos. Estas piezas se doblan con suma facilidad, incluso sin humedad, y se adaptan a las curvas dobles de los fondos de los cascos, en sus extremos de popa y proa, de manera admirable, sin romperse ni rajarse cuando están debidamente preparadas y pulidas de antemano. Los cantos de ambas versiones se liman bastante bien y aceptan casi cualquier ángulo de canteado entre tablones, de modo que si se realiza bien el trabajo, se puede obtener un casco liso y perfecto, especialmente entre las embarcaciones menores, en las que la unión entre tracas a escala reducida, presenta menos detalles. Son perfectas para los forros a tingladillo. El corte de éstas piezas se puede llevar a cabo mediante discos tipo dremel, para los cuales estos materiales no presentan la más mínima dificultad, y el resultado suele ser bastante óptimo. A veces, el corte se puede hacer con gubias o formones, paso a paso, horadando lentamente la mitad del grosor en una primera pasada, y cortándolo definitivamente en una segunda, pero hay que confesar que el resultado es más arriesgado para la integridad de la pieza, mucho más lento además de dificultoso, y el canto hay que limarlo con dedicación cuando se ha obtenido la pieza final, por lo que se aconseja el corte mecánico para un resultado de calidad.

Unas piezas que son de relativa utilidad por su excesiva fibrosidad, se encuentran alojadas en la parte alta de las cajas, formando la terminación de los frentes marcados con la letra B, y que son piezas estrechas que pueden venir agrietadas y abiertas, solamente en algunas cajas se hallan éste tipo de piezas con la calidad suficiente para ser utilizadas en construcción, ofreciendo una pieza compacta y digna de ser utilizada, suelen tener alrededor de 3 mm. de grosor, en ocasiones pueden llegar a 4 mm., y su historial es similar al de las piezas A y B, con la diferencia de que son más estrechas y presentan a veces cierta concavidad forzada por pesos colocados sobre ellas, sobretodo si se han visto sometidas a humedades. Son las piezas marcadas en la fotografía con la letra D.

Paralelamente a todas estas piezas, se encuentran otras en las cajas de fruta que forman parte de su estructura, y cuya aplicación está más relacionada con el reciclaje que pueda llevar a cabo el modelista dentro de su propia imaginación, que con la utilidad básica que presentan dichas piezas. Estamos hablando de piezas como las escuadras triangulares que sujetan las piezas laterales y los frentes, de la misma madera de chopo, y que marcamos en la fotografía siguiente con la letra E. Estas escuadras podrían formar parte de determinados modelos construidos con la técnica de mamparos para servir, enteras o rebajadas, de refuerzos de algunas de las cuadernas, así como para servir de base a cubiertas, antes de cerrar con piezas enterizas que luego se forran con listones. Igualmente pueden ser de utilidad para unir dos de ellas y formar un listón grueso y cuadrado, compuesto de dos medias piezas para diversas funciones, como la de crear una columna de madera rápidamente, o servirse de ellas para sujeciones provisionales de cualquier clase.

En todo caso, suelen ser más prescindibles que sus vecinas, y presentan numerosos agujeros producidos por las grapas industriales, que habrá que tapar con pasta de aserrín o similar si se desea que tenga aspecto presentable.

Otras cajas de fruta diferentes aportan piezas de cartón piedra, y que van grapadas en los frentes y en los laterales de la caja, que en un momento determinado suelen servir para construir gálibos temporales o fijos, así como montajes provisionales para los modelos, o como base para cubiertas en el sistema de mamparos, son de color marrón oscuro, o de marrón claro, y de aspecto y naturaleza fuerte, con una textura parecida al cartón duro y macizo de algunos contenedores industriales de gran peso, poseen gran elasticidad aunque se pueden abrir por sus fibras con facilidad, y les afecta pronto la humedad y el exceso de calor directo.


Hasta ahora, hemos hablado de varias opciones que ofrecen cajas de fruta diferentes, entre las que se pueden encontrar en los mercados, unas tienen una clase de piezas y otras ofrecen piezas distintas, pero en realidad ¿cuánto material puede ofrecer como media una caja de fruta?, es obvio que la mayoría de ellas alcanza un número similar de piezas de montaje, puesto que sus tamaños, su peso y su uso es sumamente parecido, por ello, su cantidad de piezas utilizables también es bastante similar, aunque en este aspecto entrarían más en juego los propios intereses del modelista naval, y las aplicaciones que quiera dar a las piezas obtenidas en relación con su modelo en concreto.

Sin embargo, en una caja de frutas normal, como media, podemos encontrar piezas que tienen las siguientes medidas (en mm.), como muestra la fotografía adjunta:

a).- 6 piezas de 290 x 30 x 4
b).- 4 escuadras de 145 x 30 x 30
c).- 2 piezas de 290 x 60 x 1
d).- 2 piezas de 497 x 80 x 15
e).- 4 piezas de 283 x 55 x 3
f).- 2 piezas de 500 x 95 x 5
g).- un número indeterminado de grapas de hierro de 1 mm. de sección

Como vemos, en una simple caja común, se pueden obtener un número nada despreciable de piezas que pueden ser utilizables, y que ofrecen una cierta gama de medidas para su uso. Teniendo en cuenta que ocupan poco espacio una vez desmontadas, y que dan bastante de sí cuando se convierten en piezas, configuran un material curioso para trabajar con él dentro del modelismo naval.

Los alambres que poseen éstas cajas son susceptibles, en un momento determinado, de ser utilizados como pequeños clavos o pernos, imitando las barras metálicas usadas en los astilleros, pues su fortaleza, especialmente cuando se cortan en pequeñas medidas, les ayudan a facilitar uniones en toda clase de piezas que no son fáciles de separar una vez que se han clavado. Su medida de 1 mm. supondría, a escala 1/50 por ejemplo, un gran perno de 5 cm. de sección, ideal para la clavazón de grandes curvas, baos, sobrequillas, bulárcamas, o piezas de coronamientos y estructuras primarias del esqueleto, tales como branques, contrabranques, rodas, rellenos de bodegas, etc.

Si estos pequeños alambres se aplastan, además se pueden construir herrajes muy finos y pequeños, para escalas menores, con la garantía de un metal duro y fuerte que no se abre con facilidad, y que una vez pintado o imprimado con técnicas de envejecimiento, es dudoso saber de qué material se trata.

En general siempre hay que hacer una preparación previa de los materiales, llevando a cabo un lijado no muy profundo de estos, bien de la pieza antes de su corte, o bien de la tablazón ya cortada en unidades, ya que la superficie que presentan suele ser algo rugosa, y dependiendo de lo blandas que sean esas superficies se elegirán granos más finos o más gruesos, pero nunca suelen pedir más de un grano medio, desprendiendo un aserrín fino y volátil que se incrusta en todas partes, y a veces, con los materiales más ligeros y blancos, es complicado de arrancar de muchas prendas de vestir, dejándolas con manchas blancas muy rebeldes, debido a que ese polvillo se incrusta de manera impresionante, por ello es aconsejable, para trabajar con estos materiales, utilizar ropa vieja desechable o monos de trabajo que no requieran demasiada limpieza.

Combinadas con maderas tropicales o nobles, tales como bubinga, guayacán, madera de IP, nogal oscuro o teca, entre otras muchas, estas maderas pueden ofrecer un contraste de color que aporta belleza y carisma al modelo, sin faltar a su estética original, y a pesar de que algunas de las maderas utilizadas en modelismo naval pueden poseer cierta resistencia a la hora de crear uniones en cajeados, la madera de las cajas de frutas soporta muy bien la unión por espigas sin romperse, pudiendo compenetrarse con cualquier material para montar un conjunto.

Si hacemos una comparación entre unas y otras, podemos ofrecer, a título de mera curiosidad para el modelista naval, una sencilla lista de ventajas y desventajas que adoptan las maderas de las cajas de fruta frente al resto de las maderas nobles y comerciales utilizadas generalmente en éste arte, con referencia especial a aquellas que se suelen encontrar en los kits:

VENTAJAS:

- Se encuentran en cualquier lugar en abundancia.
- Se pueden conseguir a 0 euros de precio.
- Se pueden obtener un buen número de plantillas con una sola caja.
- Se pueden encontrar varias clases de colores y calidades en sus maderas.
- Son bastante ligeras, lo cual ahorra peso al modelo.
- Ofrecen un material de calidad y resistencia para trabajar en modelismo naval, tanto estático como dinámico.
- Sus medidas se adaptan a cualquier escala y tamaño.
- Se almacenan fácilmente al ser plantillas pequeñas.
- Se trabajan con mucha facilidad, no requieren herramientas especiales.
- Aceptan todo tipo de técnicas de preparación y presentación.
- Sirven para ensayar construcciones sin gastos excesivos en materiales.
- Nos ofrecen la opción de crear nuestros propios materiales, que nunca serán insuficientes.
- Estas maderas pueden imitar a otra gran gama de maderas mejores.
- Se pueden construir una infinidad de piezas con sus maderas.
- Se combinan con otras maderas fácilmente creando estéticas de tonos y colores.
- Pegan con cualquier tipo de pegamento de manera genial.
- Se cajean y se perforan con mucho margen de seguridad antes de romper.
- Sus piezas doblan con muy poco esfuerzo en ángulos pronunciados.
- No ofrecen mucha resistencia a cualquier herramienta de corte, ya sea disco o sierra.
- Su serrín sirve para fabricar una pasta de madera que, con cola, forma un cubriente de calidad, y mezclado con serrín de otras maderas aumenta su eficacia.

DESVENTAJAS:

- Debemos buscarlas abandonadas como material de desperdicio, a veces, junto a contenedores de basura.
- Debemos desmontar las cajas antes de contar con las plantillas de madera.
- Presentan agujeros producidos por las grapas industriales.
- Hay que dibujar y cortar sus plantillas para obtener las piezas.
- Necesitan ser lijadas y pulidas para ofrecer un aspecto aceptable.
- Su corte nunca es tan perfecto como el de los materiales comerciales.
- A veces presentan zonas nudosas o desechables.
- Algunas de las piezas se pueden romper fácilmente al forzar mucho.
- Su belleza y calidad no es tan grande como los materiales nobles o comerciales.
- No se encuentran en la lista de los materiales más utilizados por los modelistas profesionales.
- Suelen ser más bien maderas claras, por lo que, para obtener las oscuras hay que darles tinte, barniz o pinturas.
- Para adaptar los grosores a la escala, a veces hay que rebajar las piezas.
- Sus plantillas son cortas, máximo 500 mm., para obtener piezas largas hay que ensamblar dos o más.
- Les puede llegar a afectar mucho la humedad antes de su acondicionamiento.
- El sol directo evapora su humedad orgánica mermando su calidad.
- Les afecta la variación brusca de temperatura.
- La duración de los modelos ronda los 20 años de tiempo con estas maderas.
Como podemos observar, sus ventajas y desventajas están bastante equilibradas, y es que en este arte influye de manera relevante el punto de vista personal del modelista, según el cual, estas maderas alcanzan un mayor o menor grado de perfección en relación con la experiencia y la técnica con las que se trabajan, que ayudarían a que los materiales que nos ocupan presenten una determinada estampa sobre un modelo. El hecho de trabajar una madera determinada, no cambia el manejo de las herramientas de manera particular, pero sí modifica de algún modo el trato que debemos aplicar a esas maderas, según la naturaleza de las mismas, sacando todo el partido posible a estos materiales.

En el caso particular de las cajas de frutas, y como caso especial dentro del modelismo naval, estas maderas nos ofrecen la ventaja de poder fabricar montones de piezas sin el disgusto de saber que estamos perdiendo dinero al estropear un material que hemos debido comprar, y que estamos desperdiciando, ya que la facilidad para obtener sus piezas, y la enorme cantidad que se pueden obtener con ellas, nos permite trabajar una y otra vez hasta que la pieza salga perfecta.

Además de la preparación normal para realizar tareas de carpintería, estas maderas facilitan bastante su transformación para el enmascaramiento, como por ejemplo, cuando se preparan productos de imprimación tales como soluciones con cola y agua para hacer un posterior pintado sobre una base sólida y dura, que evite el exceso de absorción; también es un gran referente a la hora de fabricar pasta de madera con su serrín, el cual se puede preparar tanto en forma fibrosa, con aspecto de lana, como fino y microscópico, obteniendo con cola de madera una pasta que se introduce en desperfectos a presión, y una vez seca, se convierte en un sello resistente que pocas veces rompe por su unión. Si la pasta se realiza con pegamentos industriales además del serrín que estamos tratando, las uniones se pueden llevar a cabo en trabajos de carpintería profesional.
Capitán Vernon.

martes, 28 de octubre de 2008

CAJAS DE FRUTA: EL MODELISMO NAVAL DE LOS POBRES (PARTE I).

Nota previa. Capitán Vernon nos ha hecho llegar este artículo que de buen grado publicamos en su nombre


1.- Introducción.

Hoy día, en pleno siglo XXI, el modelismo naval se ha convertido en una afición bastante común para todo tipo de personas, niños y grandes, y los comercios especializados en ésta afición están más extendidos, hasta el punto de que, cientos de tiendas de juguetería barata, a veces muestran entre sus productos cajas de kits de modelismo sin dedicarse a ello exclusivamente.

La tentación de recrear una construcción que es copia fiel de algo que existe, con todos sus detalles, o que existió hace muchísimo tiempo, ha convertido al modelista en un artista sin límites que atesora entre sus capacidades unos conocimientos muy ricos, proporcionándole no solo una dedicación preciosa sino una colección propia y personalizada que refleja secretos hasta hace cierto tiempo guardados con celo por los más profesionales.

Cuando alguien en algún lugar observó, un lejano día, que la afición se extendía de manera lógica y generalmente aceptada, debió planificar la posibilidad de pensar en proporcionar los pequeños y curiosos materiales y piezas de que se componen multitud de creaciones en diferentes campos, como son los vehículos militares, los barcos, los aviones, los soldaditos, las casas rurales o las iglesias, las motocicletas o hasta las naves espaciales que veíamos en el cine, de manera que pudo nacer el mercado del modelismo.

En los Estados Unidos, entre principios de los años 50 y mediados de los años 60, se extendió con bastante inquietud el tema del modelismo, y de esta manera, en una sociedad que avanzaba a pasos muy largos, no era tan difícil hallar comercios en las que encontrar materiales diversos, aunque aún eran un arcano la mayoría de las técnicas, que se poseían, por muchos especialistas, como una pequeña protociencia compartida con cuentagotas. En España, debió ser a mediados de los años 50, más o menos, cuando comenzaron a aparecer algunos de los mejores manuales y artículos sobre el modelismo naval y sus aplicaciones, desvelando las primeras técnicas ingeniosas que facilitasen un mejor conocimiento de los pasos para montar un casco con proporciones exactas al original.

En éste sentido, uno de los grandes desafíos que ha facilitado, ya en nuestros días, el acceso a los materiales de montaje y construcción de éste tipo de obras es la red de internet, a través de la cual se pueden adquirir, mediante cientos de páginas web y tiendas virtuales, piezas y materiales que en nuestro más cercano entorno es difícil hallar en determinadas ocasiones, y que a veces cuesta incluso conocer que existen. Esto también impone una inversión en cuestión de gastos de envío que habrá que sumar al precio medio del producto, aunque la comodidad de poder conseguirlo sin movernos de casa puede tener su ventaja, al mismo tiempo que el precio por pieza suele ser más ventajoso que en los comercios habituales.

Sin embargo, y a pesar de todo, los materiales están sujetos a un precio de mercado, a una oferta limitada de modelos que basan su coste en virtud de una serie de razones comerciales de competencia y especialización del producto, del cual hay que obtener los beneficios necesarios, además de imponer nuestro logotipo por encima del resto de los empresarios, sobresaliendo marcas y firmas que enseguida relacionamos con el tema del modelismo naval, lo cual supone que si la categoría del kit alcanza cierto nivel, o no alcanzándolo, el modelo es muy demandado, el precio se dispara.

Modelos como el H.M.S. Victory a escala 1/84, de Artesanía Latina, en su catálogo 2004, con un nivel de cuatro anclas para situarlo entre los más dificultosos de montaje, pueden llegar a alcanzar un precio medio de 600 euros, sin dejar de lado otros que rondan los 900 euros, en cuanto incorporan, en sus cajas o equipos, piezas de artesanía en metal fundido y libros de montaje, cuyos derechos de publicación se pagan, otras veces editados por las propias compañías modelísticas, y aunque el precio normal de muchos modelos de tamaño medio ronda los 300 euros, siempre podemos encontrar piezas de museo para montar por la nada despreciable cifra de 2000 a 3000 euros, entre los que se comercializaba, a través de Andrea Miniatures, de Madrid y por encargo, sin incluir gastos de envío, un modelo de submarino alemán tipo U-Boot VII C, a escala 1/32, en laminados de fibra de vidrio y metal, incluyendo sus 10.000 remaches junto con 185 piezas metálicas, y unas dimensiones de 197 cm. de largo, 18 cm. de ancho y 39 cm. de alto; a éste precio estarían sujetos algunos modelos de importación de Estados Unidos, que se han puesto bastante de moda, y que, obviamente, hay que reconocerles bastante belleza y calidad para modelistas avanzados.

Algunas marcas conocidas como Artesanía Latina, Occre, Amati, C. Mamoli o Corel, por citar solo algunas, tienen un largo historial en la venta de modelos y materiales, y estos, en mayor o menor medida, siempre suponen una inversión determinada, que desde un punto de vista hay que desembolsar, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones, el producto carece de fidelidad frente al original, sus contenidos no son suficientes en cantidad o en calidad, falta información adicional para los montajes, los planos se quedan cortos, faltan piezas o las piezas vienen defectuosas, ofrecen dudas en ciertos aspectos, las escalas no se corresponden, etc.

Pero dentro del modelismo naval, como arte, hay muchas otras opciones y técnicas para poder construir un modelo, llevar a cabo la obtención de sus materiales y reunir sus piezas de manera autodidacta y personal, reduciendo de éste modo muchos de los pequeños problemas que ésta afición puede plantear. La técnica que se pretende mostrar, no obstante, está poco extendida, quizá por sus propios defectos, que, como todas las técnicas y los materiales, posee, y entre los que cabría destacar la calidad y la belleza de los materiales a veces empleados, cuya valoración es bastante relativa en relación con la clase de modelo montado, y el fin para el que se le destina.

Sin duda, dentro de las ventajas y los defectos de ésta técnica, que sin duda puede emplear muchos otros materiales, vamos a ver uno de éllos en concreto, curioso y revolucionario para ciertos modelistas navales que pretendan bajar el listón de sus inversiones al máximo, sin mermar sus oportunidades de construir cualquier modelo tanto en tamaño como en detalle, y que, paralelamente a su imaginación reúnan suficiente tiempo y voluntad para trabajar y preparar su propio producto: son las cajas de fruta.

Las “cajas de fruta”, que casi todo el mundo conoce por verlas apiladas a las puertas de supermercados, almacenes y tiendas de alimentación, tanto en los cascos urbanos como en los polígonos industriales, son esas cajitas que suelen contener frutas, verduras y productos similares, y están fabricadas con maderas de chopo grapadas entre sí, es decir, finas tablas procedentes del árbol del chopo, una especie que no suele ser muy común como materia prima para las maderas utilizadas principalmente en el modelismo naval, donde son más prioritarias las especies de mejor calidad, muchas de ellas traídas principalmente de los países de América Central y Sudamérica, otras también de suelo español, y que todos conocemos por su inclusión en los kits comerciales, y por su oferta en las tiendas de modelismo.

Precisamente en éstos países, donde principalmente se exportan éste tipo de maderas preciosas, se puede decir irónicamente, que muchas veces es donde más limitado está su uso como producto de modelismo propiamente dicho, y es que en algunos de éstos lugares no está tan desarrollado este arte como en Europa y Estados Unidos, --con alguna salvedad como Argentina, donde está muy desarrollado--, y donde algunas marcas se han hecho eco de auténticas multinacionales en el ramo. El motivo de tal afirmación puede radicar en que éstas maderas se producen para otros usos más sencillos que los destinados a un arte tan especializado como es el modelismo naval, ya que, una vez llegan las materias primas a los países europeos, y se adquieren por los grandes almacenes, se elaboran las piezas finales mediante avanzadas maquinarias electrónicas de corte y selección de tamaños y gruesos, al láser electrónico automatizado, de manera que su producción en grandes series es lo único que garantiza unos precios asequibles para una población normal, pero no deja de ser una industria poco habitual dentro del mercado de la madera, puesto que habría que invertir grandes fortunas para su transformación y la carpintería industrial ofrece, en un momento dado, más beneficios a largo plazo.

La técnica propuesta podría asimismo calificarse como una adaptación geográfica en cuanto a las mismas posibilidades, dado que en Castilla y el centro peninsular español, el chopo es mucho más habitual que por ejemplo, el roble, el eucaliptos, o el boj, que abundan y son más frecuentes en el norte, y éstas necesitan ser convertidas en piezas a través de más fases que las que presentan las cajas de fruta, que ya vienen hechas y cortadas, y que solo necesitan desmontarse, pero es obvio que en un espacio geográfico donde se cuenta con los recursos de maderas mejores, con la misma facilidad de obtención, podría elegirse otra gama de ellas que superarían las aquí propuestas.

Sin embargo, el misterio de la madera del chopo quizá se encuentre en la facilidad para su obtención, que es una de las especies españolas que más abunda, sobretodo en las tierras castellanas, su amplia gama de aplicaciones y la enorme cantidad de piezas que se pueden obtener con poco esfuerzo, además, claro está, como se ha comentado, el coste nulo que debo invertir en su empleo y adquisición, sumado a otras características propias que iremos estudiando a través de éste trabajo.

Pero ¿qué es el chopo? ¿qué clase de madera posee para poder aplicarla a modelos navales?, vamos a verlo y a tratar de conocerlo todo sobre su naturaleza y sus posibilidades en el modelismo naval.

Hay que dejar bien claro que los materiales a tratar no pueden competir con las maderas tropicales de importación americana, de gran calidad y belleza en carpintería, o con los materiales industriales preparados y cortados con láser, ni pueden alcanzar en muchos casos la duración y resistencia de otros basados en maderas nobles, pues su naturaleza superaría en mucho a los que vamos a tratar, por ello, éste trabajo tiene como intención mostrar una de las muchas opciones que la madera de chopo, en éste caso, ofrece a los modelistas navales que desean, o bien avanzar un poco en el arte, sin verse muy comprometidos económicamente por los errores producidos en los modelos, o bien invertir lo menos posible en previsión de que sus gastos se destinen a otros usos personales más prioritarios, y en éste sentido, éste artículo pretende enseñar tan solo un camino nuevo.

2.- El chopo.

El chopo (Populus nigra, L.), es un árbol de ribera, perteneciente a la especie de las frondosas que es conocido en Castilla como Chopo del país o Álamo negro, y en Burgos como Chopo Verdugueño, así como Lombardo en su variación de la especie pyramidalis. Conocido como Chopu en su especie leonesa, Choupu el de la Cabrera, Pobo, o Chopru el de La Sanabria y La Carballeda.
Es un árbol que alcanza los 10 m. de altura a los 10 años y unos 30 m. de talla definitiva. La variedad pyramidalis o italica, conocida como “lombardo” y naturalizada desde hace siglos en el paisaje castellano presenta un porte estrechamente columnar y puede superar los 36 m. de altura.


Posee una corteza resquebrajada, negruzca con la edad. Tiene ramillas pegajosas y de color anaranjado. Produce numerosos brotes adventicios o chupones. Yemas largas y puntiagudas, muy viscosas. Hojas romboidales largamente pecioladas y de márgenes dentados. Inflorescencias en gatillos colgantes. Frutos en pequeñas cápsulas. Florece de febrero a marzo y disemina sus pequeñas semillas provistas de pelos blancos en primavera.

Entre las variedades más utilizadas destaca el chopo Lombardo (Populus nigra pyramidalis), que ha sido traído hace varios siglos, procedente de Italia, tras haber sido importado siglos antes de Asia Central. También se emplea para formar pantallas cortavientos. En numerosos pueblos se corta cada año un alto y esbelto chopo, y a continuación se pinga (se coloca vertical) en la plaza como tradición.

Entre las subespecies autóctonas podemos citar Populus nigra betulifolia, de ramillos pubescentes y hojas romboidales y Populus nigra nigra, de ramillos lampiños. En la actualidad el chopo autóctono se encuentra seriamente amenazado por la hibridación con los clones de uso industrial.

La variedad del Álamo negro se extiende por todas partes en suelos frescos y riberas debido a su antiguo cultivo. Es más propio de las partes medias y bajas de las cuencas, en las grandes llanuras aluviales y en estribaciones de las montañas.

El Lombardo a veces domina en las riberas, como en los tramos bajos del río Riaza (Segovia). Los sistemas radicales se distribuyen ampliamente en superficie, prefiriendo los suelos neutros y fértiles donde crece con gran rapidez. En los tocones y árboles viejos crece por doquier la seta blanca de chopo (Agrocybe aegerita). Este árbol resulta especialmente útil en varias regiones, cuando se encuentran desmochados, para la nidificación de las cigüeñas.
Es muy parecido a algunas especies de álamos, como el álamo temblón, álamo blanco, con quien se les puede confundir, el álamo cribero o el álamo castellano.

La madera de chopo se utiliza asiduamente en restauración de zonas húmedas y riberas debido a su rápido desarrollo y facilidad de multiplicación, especialmente por estaquilla, eligiendo brotes terminales y vigorosos o bien los chupones de los troncos, que junto a los brotes largos de cepa se emplean como estacas (de 20 a 70 cm. de longitud). En las repoblaciones se utilizan plantas de 1 a 2 savias, manejables y más baratas (0.42 a 0.60 euros/unidad). Se puede mezclar con alisos en suelos húmedos aunque buscando los lugares de menor encharcamiento. Se emplean unos 400 a 1000 pies/ha., trasplantándose en febrero o marzo, que sería la época posterior o más cercana a la poda, según el lugar y el clima. El chopo autóctono es uno de los árboles de sombra más decorativos y que sirve de lugar de cría a multitud de aves.

Esta madera es blanda pero nudosa y se ha utilizado generalizadamente en construcciones rurales especialmente para vigas de pajares y casas, por ser elástica a la vez que resistente, así como en cajerío y carpintería. Las hojas se recogían de las mochas como forraje para el ganado en la antigüedad. Las abejas aprovechan la resina pegajosa de las ramillas y yemas para hacer los adhesivos de los panales en las colmenas. Con ellos se elaboran los medicinales propóleos.

En las antiguas ordenanzas municipales de multitud de pueblos castellanos, se obligaba a todos los vecinos a plantar un cierto número de árboles de ribera y se prohibía descuajar los existentes.

Otra especie diferente del chopo es el Chopo Canadiense (Populus x canadensis Moench). Alcanza los 10 m. de altura a los 10 años y una talla definitiva de unos 30 m. Tronco derecho y menos ramoso que los chopos autóctonos. Tiene hojas grandes de limbo anchamente triangular. Al brotar en primavera toma el follaje un color cobrizo muy vistoso. Las inflorescencias aparecen en gatillos colgantes. Los pies femeninos producen semillas pequeñas cubiertas con abundante material algodonoso (las llamadas pelusas) que el viento arrastra en primavera y que llega a cubrir el suelo en los alrededores de donde se encuentran emplazados.

Este chopo es de gran valor industrial y muy utilizado en plantaciones comerciales. Útil en la restauración de terrenos desnudos en riberas, vegas y en campos de cultivo agrícola próximos a ríos, por su facilidad de instalación y rápido desarrollo de su sistema radical, hasta altitudes de unos 1200 m. Hay numerosos clones adaptados a diversas regiones y suelos. Prefiere suelos frescos pero drenados y muy filtrantes, malviviendo en los demasiado compactos y húmedos, donde deben utilizarse alisos y salces. Tolera los encharcamientos eventuales. Se emplea planta de 1 o 2 años, y se utilizan de 160 a 300 árboles por ha. Sirven de solución de urgencia para proveer de sustratos para nidos de ardeidas, cigüeñas y rapaces.

Su madera es empleada en la industria moderna y automática del tablero de partículas y el contrachapado por ser poco ramoso. Se utiliza en carpintería, muebles ligeros de madera blanca, pasta de papel, cajas de embalaje, fabricación de palillos, etc. También puede servir en plantaciones para producir biomasa para energía.

Entrando en nuestra materia, y relacionando al chopo con el modelismo naval, se puede describir a ésta madera como un material blando, delicado, muy blanco y esponjoso, de albura débil y sumamente ligera, y duramen algo más resistente, sobre todo en los troncos más desarrollados, y color amarillo-beige, a veces marrón claro, dependiendo de la subespecie que se emplee. Posee anillos poco numerosos y apretados, aunque la variedad del sur de España los presenta más unidos y cercanos al duramen, siendo una madera algo más resistente que la del norte en ésta especie, aunque en general es una madera con bastante densidad.

Su consistencia no es muy grande, se trabaja con mucha facilidad, y en las aplicaciones de las cajas de fruta, que son las que vamos a estudiar, se pueden encontrar hasta cuatro clases de maderas que muestran diferentes texturas, colores y resistencias, todas de chopo. Es una madera realmente absorbente con los tintes y barnices, funcionando como un esponja que se puede saturar de productos de coloración, para adquirir rápidamente una mayor resistencia o un color más oscuro, que le dará una mejor calidad al material, y por tanto, una gran multitud de tonos de diversas categorías debido a su blancura, que acepta casi cualquier modificación en su aspecto decorativo.

Debido a ésta capacidad de absorción, se le pueden aplicar también todo tipo de productos para darle color como tintes al agua, temperas, acuarelas y cualquier material de pintura o mezcla de varios productos que no sean muy espesos o aceitosos, con los que se pueden conseguir unas piezas compactas que muestran un aspecto casi natural una vez que se les ha conseguido empapar bien con el tinte.

Responde bien a los lijados de grano muy fino a partir de 220 en adelante, aunque se deja desbastar con grano medio de 150 o menor, pero exige algo de cuidado para descortezar, sobre todo en verde, y para rebajar piezas, pues su blandura se hiende enseguida en los materiales curados, incluso ante la raspadura de una uña humana. Las mejores herramientas para su lijado y pulido son los papeles de lija para metal y las lanas de acero de números 000 y 00, aunque las piezas más duras y resistentes se alían bien con las limas finas para metal, que les proporcionan un aspecto liso y brillante de bastante calidad.

La preparación del material es bastante sencilla, se podría afirmar que incluso un modelista totalmente novel puede obtener los materiales de éstas cajas realizando los trabajos más básicos que se pueden aplicar a las maderas, a pesar de que su experiencia o su edad no le haya permitido tener mucho contacto con herramientas en general, con maderas de cualquier clase, o con creaciones dentro del modelismo naval.

En las presentaciones de modelos construidos con estas maderas, si el modelista es lo suficiente capaz de darle una calidad a su trabajo lo bastante buena, la gran diferencia a largo plazo estaría en la duración de esos mismos modelos, los cuales rondarían los 20 años de vida, con una dilatación de 5 años arriba o abajo, dependiendo de la calidad de las piezas utilizadas, a diferencia de los barcos construidos con materiales nobles de gran duración que les proporcionan una destacada longevidad, y en los que la media de duración en años rondarían los 50, habiendo casos particulares dentro del modelismo naval, como los modelos que podemos admirar en los museos repartidos por nuestro reino, donde podemos hallar modelos construidos en el siglo XVII o XVIII, y que se conservan en perfecto estado, en parte debido a la extraordinaria calidad de sus materiales de construcción.

A lo largo de la historia, y como artesanía especializada, se han construido modelos navales hechos tanto de madera como de cerámica, barro, cristal, metales o alambre, papel, cartones, realizados en tallas, en bajorrelieves, etc, muchos de los cuales se presentan como arte abstracto incluso, que ha atraído la atención por su imaginación y su vanguardismo. Frente a estas manifestaciones, la utilización de materiales nuevos, o no siendo tan nuevos, menos habituales, como pueden ser las maderas de las cajas de fruta, supondría una especie de empresa artística para mostrar un resultado similar en el modelismo naval que se está llevando a cabo en nuestros días.

Capitan Vernon

martes, 8 de abril de 2008

NUEVOS MATERIALES: POLIURETANO

Uno es de los que practican el pragmatismo, vamos que uso todos los materiales y recursos que puedo para mis modelos. Hago modelos, no construyo barcos. Hace tiempo que quiero experimentar con la espuma de poliuretano. Así que he usado una prueba de un lomo de tortuga (proa elevada característica de los primeros torpedos boat destroyers). He comprado la espuma y el limpiador que es imprescindible para evitar que se solidifique y quede inservible.


Luego de aplicarla queda algo así como una babosa alien o un blandiblu enorme

tras curarse (dos horas), se corta con el cúter y se lija


El resultado: el poliuretano se ha revelado como un material económico, relativamente limpio e ideal para casco y partes difíciles de forrar con tracas. Eso sí, luego habrá que aplicarle algún tipo de masilla (carrocero) o forro, metal, plasticard. Lo pienso usar para rellenar un casco en un próximo modelo. Seguiré informando.
Saludos